Familias palestinas en la entrada de sus viviendas en Umm Al Jeir el pasado 4 de noviembre. EFE/ Magda Gibelli
Paula Bernabeu |
Umm al Jeir (Cisjordania) (EFE).- Cuando Eid Suleiman Hadalin explica cómo Israel pretende demoler un tercio de su aldea, Umm al Jeir (sur de Cisjordania), un colono de origen ucraniano saca su teléfono y comienza a grabarle. «¡Que tengáis un buen día!», grita sonriente desde su jeep, mientras el palestino reconduce la entrevista entre los muros del centro comunitario local.
El centro es una de las 14 estructuras que Israel pretende demoler en la aldea, junto a un invernadero y 12 viviendas, a las puertas del invierno. Hace las veces de clínica, acoge actividades para las mujeres de la aldea, funciona como aula de informática para los niños o punto de reunión para activistas internacionales y, el pasado martes, de refugio ante la grabación del colono durante una conversación con EFE.
«¿Ves los escombros? Esa era nuestra casa. Vivíamos allí e Israel la demolió, como siempre. Te vuelves a ver como un refugiado», explica después Eid en lo alto de una de las colinas desérticas de Hebrón sobre las que se asientan las chabolas de Umm al Jeir.






