La progresiva precarización de la sociedad española, sobre todo de los jóvenes, amenaza con servir de caldo de cultivo al populismo ultra

Pese a la bonanza económica de los últimos años, los récords de ocupación, las mejoras salariales o la importancia del escudo social desplegado desde la pandemia, España mantiene unos niveles de desigualdad y de vulnerabilidad significativamente superiores a la media europea. Ello evidencia la pe...

rsistencia de problemas estructurales profundos y brechas que no se reducirán sin políticas redistributivas más activas. Esas son dos de las principales conclusiones del último informe FOESSA sobre exclusión social, presentado el miércoles. La fundación, vinculada a Cáritas, desgrana un minucioso conjunto de datos que radiografían una sociedad del desasosiego y el malestar, cuyos problemas estructurales se deben abordar con urgencia para que no pongan en riesgo la cohesión ciudadana.

España ha registrado en las últimas tres décadas una evidente precarización de su estructura social: en 1994, las clases medias suponían el 58% de la población; el año pasado eran 15 puntos menos. Certezas como que tener un puesto de trabajo o culminar la educación obligatoria protegían contra la pobreza han saltado por los aires. No solo la precariedad laboral afecta al 47% de la población activa (11 millones y medio de personas), sino que el 11% de los trabajadores está en riesgo de pobreza, el tercer peor dato de la UE, según un análisis de Eurostat. Una de cada 10 personas que ha completado la ESO padece exclusión social severa.