El museo MICAS de Malta, un nuevo espacio para el arte contemporáneo en la isla mediterránea, inaugura la segunda retrospectiva del gran colorista estadounidense en Europa, cuyo influjo directo en artistas como Rothko y Newman pervive en la creación de hoy
Entre sus múltiples revoluciones sensoriales, las vanguardias artísticas demostraron que la hierba no tiene por qué ser verde ni el mar ha de representarse siempre azul. Fue la ley que establecieron pintores como Henri Matisse o Pierre Bonnard, cuyas trayectorias hoy universalmente reconocidas discurrier...
on en paralelo a la de un artista cuya contribución, igualmente audaz, ha quedado arrumbada en un rincón menos luminoso de la historia: la del estadounidense Milton Avery (1885-1965). Celebrado en su país de origen como uno de los grandes coloristas del siglo XX, apenas sí tenemos noticias de él en Europa: el museo Thyssen de Madrid custodia un cuadro suyo (Ensenada canadiense, de 1940, que no está expuesto), pero no fue hasta 2022 cuando se celebró la primera gran retrospectiva institucional de su obra a este lado del Atlántico, en la Royal Academy of Arts.
La comisaria de aquella panorámica londinense, Edith Devaney (entonces curadora senior en la Royal Academy), se encarga desde hace un año de la dirección artística del MICAS de Malta, un nuevo espacio para el arte contemporáneo en la isla mediterránea situado en un espectacular edificio levantado sobre un antiguo fuerte militar junto al mar, que inauguró el 25 de octubre la exposición Color, forma y composición: Milton Avery y su influencia perdurable en la pintura contemporánea (hasta el 4 de abril de 2026). Si en Londres Devaney quiso ofrecer un recorrido más o menos exhaustivo del trabajo de Avery, en esta ocasión el planteamiento tiene más que ver con la pervivencia de su mirada a través de la práctica de siete artistas contemporáneos: Henni Alftan, Harold Ancart, Andrew Cranston, Gary Hume, Nicolas Party, Jonas Wood y March Avery, esta última hija del pintor.






