Al hablar de paraíso suelen aparecer en el imaginario común palmeras o lenguas de arena blanca. Todo eso, y mucho más, es lo que tiene esta isla del archipiélago de Tuamotu

Para llegar al paraíso, no nos vamos a engañar, hay que emplear muchas horas de avión y otras tantas de aeropuerto. Y si viajamos con niños hay que ir bien provisto de ideas para llenar este tiempo; juegos de cartas, libros de actividades, música, etcétera. En el entretenimiento de abordo de los vuelos de la aerolínea Air Tahiti Nui hay películas, juegos y música pensada para los niños, aunque lo más interesante son los documentales y cuentos sobre la mitología y las leyendas de la

25/2024-12-30/polinesia-francesa-la-madre-de-todos-los-paraisos.html" data-link-track-dtm="">Polinesia, que son una parte fundamental de su cultura trasmitidas de manera oral, generación tras generación durante siglos. Así aprendemos que Rangiroa, nuestro destino, significa “largo cielo”, que viene del dios del cielo Rangi, que se unió a la diosa de la tierra Papa en un abrazo infinito que mantuvo unidos al cielo y la tierra hasta que concibieron a sus dos hijos; Tangaroa, dios del mar, y Tan, dios del bosque.

Una vez en la capital de Tahití, Papeete, solo queda el vuelo fácil. La hora que tarda en llegar a la isla de Rangiroa es una maravilla: ver desde el aire los colores del mar, la frondosa isla de Makatea y, al aproximarnos al segundo atolón más grande del mundo, observar desde las alturas un anillo delgado de tierra con un azul oscuro en su interior. Dependiendo de la ventana que se elija se podrá ver el otro anillo más pequeño que es la isla vecina de Tikehau, con la que comparte avión. Una vez aterriza en Rangiroa y descarga, el avión volverá a despegar rumbo a Tikehau, donde llegará 15 minutos después.