Un vídeo muestra cómo una manada de cetáceos ataca a tiburones blancos para aprovechar los hígados ricos en energía mientras mantiene a raya a otros cazadores del mar

En las aguas del Golfo de California (México), una escena natural poco conocida se despliega en la superficie. Una manada de orcas que ya había sido avistada cazando tiburones ballena y mantarrayas no solo impresionan por su fuerza, sino también por su estrategia en la cacería de otro gran pez: los tiburones blancos. Temidos depredadores de los océanos, parecen de pronto vulnerables ante estos cetáceos los únicos capaces de dominarlos en una interacción rara vez registrada en la zona.

Al grupo al que también pertenece Moctezuma —una conocida orca macho que fue fotoidentificada en 1988 en la isla Ángel de la Guarda—, se ha especializado en capturar especímenes juveniles menos experimentados para huir como lo hacen los adultos. El nuevo estudio, que se publica este lunes en la revista Frontiers in Marine Science, describe con detalle cómo las orcas voltean a las presas boca arriba, para inducir un estado de parálisis temporal conocido como inmovilidad tónica, lo que facilita la extracción del hígado, rico en energía y altamente nutritivo.