Con una historia que se remonta a mediados del siglo XIX, este hotel en la isla de Madeira se ha convertido en un destino en sí mismo. Un cuidado jardín, una arquitectura fusionada con el paisaje, silencio y gastronomía son un plan imbatible

Durante el siglo XIX, Funchal se consolidó como un importante destino para la élite europea. Su clima subtropical, benigno durante todo el año, convirtió

/elpais.com/elviajero/lonely-planet/2024-03-21/madeira-aventuras-en-el-corazon-montanoso-de-la-isla-portuguesa.html" data-link-track-dtm="">la isla de Madeira en un lugar ideal para el descanso, la convalecencia y el disfrute de la naturaleza. La rivalidad por poseer el jardín más exótico y admirado tenía raíces sociales y también culturales. La considerable presencia de residentes británicos introdujo una estética paisajística influenciada por el modelo inglés, que valoraba la naturalidad, la espontaneidad, la variedad de especies y un cuidado ornamental sin formalismos. Madeira, en medio del Atlántico, era un punto crucial en las rutas del comercio marítimo, lo que facilitó la llegada de plantas exóticas provenientes de África, Asia y América.

Fue la época en que proliferaron las quintas (residencias señoriales) con jardines de niveles superlativos. Ejemplos emblemáticos son los que rodeaban Quinta Vigia, Quinta do Bom Sucesso (que propiciaron el posterior jardín botánico) y el clásico Monte Palace Tropical Garden, que aún hoy conservan el espíritu de esa época dorada de esplendor botánico.