Pese a las reticencias iniciales de los dirigentes y las jugadoras, el país oriental se establece en un deporte que presume de pureza y que ahora sucumbe al dinero

La número uno del mundo, Aryna Sabalenka, desfila por la pista de Riad con una sonrisa de oreja a oreja. Atrás quedaron las preguntas, el cuestionamiento, cualquier atisbo de crítica. Amnesia colectiva. ¿Arabia? Eso es, Arabia Saudí, uno de los estados en los que la vulneración sistemática de los derechos humanos es más sangrante y donde durante los próximos días, las ocho mejores jugadoras del curso se batirán por convertirse en la última maestra. A la vencedora le aguarda un cheque de 2,5 millones de dólares (1,7 de euros), por los 15,5 (13,4) del reparto total. Todo es, pues, felicidad. Ni rastro del antiguo recelo o el miedo al qué dirán.

1-16/rafa-nadal-nuevo-embajador-del-tenis-de-arabia-saudi.html#?rel=mas" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/tenis/2024-01-16/rafa-nadal-nuevo-embajador-del-tenis-de-arabia-saudi.html#?rel=mas" data-link-track-dtm="">Oro ingente sobre la mesa, así que adelante, opinan dirigentes, actores y actrices. ¿Por qué no?

“El año pasado estuve en un japonés que estaba realmente bien, e ir de compras por ahí está genial. No jugué muy bien, pero lo mejor estuvo fuera de la pista”, afirma la bielorrusa, quien no escatima en elogios —“es increíble lo que están haciendo por el deporte, el proyecto es una pasada”— mientras los informes de diferentes organizaciones humanitarias inciden en la cruel realidad: “aumento de ejecuciones” y de las “restricciones de los derechos civiles y políticos”, pese a que la Unión Europea reconozca “los avances realizados en materia de derechos de las mujeres”. No parece importarle excesivamente al tenis, buscado de lejos, hace tiempo. Demasiado grande la tentación. Finalmente, también ha acabado pasando por el aro.