Me provoca desazón que nadie exigirá responsabilidades a los palmeros que protegieron a Mazón para que escondiera la verdad a costa de humillar a las víctimas

Nada hay comparable a la voz. La voz de la persona que se fue es lo que va disipándose en la memoria. Se desvanece el recuerdo exacto de lo que fuera su risa, el llanto, el tono de las palabras que nos dieron consuelo. No hay inteligencia artificial que pueda reproducir lo que nos diría un muerto si pudiera hablarnos desde el más allá, porque la voz de los muertos es patrimonio y fantasía de los que se quedan y nos habla desde el lado más íntimo del pasado. ...

Veo que hay personas que quieren que la IA le devuelva la voz de su madre y no me explico cómo pueden encontrar consuelo en esa simulación macabra. Esto lo escribo yo, que llevo dialogando con los muertos desde hace 50 años. Jamás he dejado de escucharlos, queriendo creer que me transmiten un orgullo póstumo o temiendo que me juzguen por algo que no aprueban; siguiendo sus consejos o desobedeciéndolos para liberarme de algún prejuicio antiguo que no comparto.

Los vivos cargamos con la obligación de dar voz a los ausentes y esto es lo que hicieron esta semana los familiares de las víctimas de la dana. Conscientes de que son ellos los encargados de defender su memoria nos han ido describiendo a los seres irrepetibles que perdieron. A las imágenes de la terrible avalancha de agua, que nos acercan tan solo un poco al terror que debieron pasar esas criaturas, se superpusieron las voces de los que intentan mantener viva la memoria de los ahogados.