La cancelación de ‘Trópico utópico’ demuestra poco entendimiento de la forma en que la radio es memoria viva y afectiva de un país, justo por parte de quienes deberían custodiarla

Hace unas semanas Radio 3 canceló sin avisar Trópico utópico, el programa legendario dedicado a la música de Brasil que Rodolfo Poveda llevaba presentando y dirigiendo más de 40 año...

s. Casi ni le dio tiempo a despedirse: con gran elegancia, adaptó sobre la marcha su última emisión para agradecer y dedicar cada canción a los amigos y cómplices que durante cuatro décadas hicieron posible la supervivencia del programa.

En otros países sería impensable defenestrar así a alguien con tanta veteranía y cargarse sin ceremonias una pequeña institución cultural: si lo hicieran en la BBC, habría revueltas callejeras. Demuestra poco respeto a su comunidad de oyentes y poco entendimiento de la forma en que la radio es memoria viva y afectiva de un país, y justo por parte de quienes deberían custodiarla.

Poveda era uno de esos prescriptores y locutores de raza (humana) insustituibles por algoritmos que se revelan cada día más siniestros. Las máquinas nunca sentirán entusiasmo por nada; él contagiaba el suyo con la desenvoltura y el aplomo de muchos años de oficio: divagaba, tarareaba, cambiaba de tema, se equivocaba y corregía a sí mismo. Más que hablar, charlaba y acompañaba como nunca lo hará el chatbot más sofisticado: no se dirigía a un oyente abstracto y unificado en una masa, sino uno por uno a todos los que le escuchaban. Quizá no pudiéramos responderle, pero teníamos la sensación de ser los destinatarios únicos de la conversación (o eso me pasaba a mí, por lo menos).