El Gobierno quita hierro a la orden de Trump, pero expertos y analistas creen que el gesto hará que Putin se sienta más fuerte
Rumania, con 19 millones de habitantes, es el miembro de la UE y de la OTAN más pegado físicamente a la guerra de Ucrania: comparte con este país, invadido por Rusia, una frontera de 650 kilómetros. E incuba en ella el temor a que, un día, el Kremlin pueda extender el conflicto a ese flanco oriental europeo. Con esa inquietud, las autoridades de Bucarest recibieron el pasado miércoles la noticia de que el Gobierno de Donald Trump va a
legadas-en-rumania-dentro-de-la-otan.html" data-link-track-dtm="">reducir las tropas estadounidenses en territorio rumano casi a la mitad: de los cerca de 1.700 soldados que forman parte del destacamento de la OTAN allí a unos 900 militares. Un anuncio que ha caído como un jarro de agua fría en un país que siente cerca la amenaza rusa, hasta el punto de que hace un año su Tribunal Constitucional llegó a anular unas elecciones ante la sospecha de que el Kremlin había colocado al candidato vencedor.
Desde que Vladímir Putin lanzó en febrero de 2022 la invasión de Ucrania, han caído frecuentemente en la provincia rumana de Tulcea fragmentos de drones, derribados por las defensas antiaéreas ucranias. Artefactos que tenían como objetivo los puertos del país invadido en la desembocadura del Danubio pero que acabaron en territorio rumano.














