La democracia te demuestra al menos que políticas de Milei que te parecían intolerables son muy bien toleradas por buena parte de tus compatriotas
Todos nos equivocamos. Todos —políticos, encuestadores, periodistas, ciudadanos en general y hasta el propio Gobierno– nos equivocamos cuando supusimos que el señor Milei iba a perder estas elecciones.
ck-dtm="">Las ganó por goleada.
Yo siempre fui argentino. O, más exactamente, casi siempre: hubo dos o tres años, digamos, entre 1976 y 1978, en que hice todo lo posible por no serlo. Había tenido que exiliarme, vivía en Francia, y para mí la Argentina era ese lugar donde unos militares hijos de mil putas estaban asesinando a mis amigos. Demasiado a menudo llegaba la noticia de que tal o cual había “perdido”, como decíamos cuando alguien “desaparecía” y no sabíamos qué sería de él, de ella; a veces eran mis compañeros del colegio, chicos de 18, 20 años. Entonces yo trataba de ser lo menos argentino que pudiera: lo hablaba poco, lo leía menos, me sumergía en ese mundo diferente. Y quería creer —quería creer— que, allá lejos, unos malos malísimos se habían apoderado de mi país y los demás argentinos estaban aterrados, paralizados por el miedo, y que por eso no reaccionaban, no nos defendían. Tardé muchos años en terminar de entender que había muchos que apoyaban a los asesinos. Ellos también tardaron muchos años en decirlo: durante décadas no quedaba bien.














