En los últimos años, se ha intentado romper con la jerarquía del automóvil en el tráfico, pero la bicicleta está lejos de ser tratada como una prioridad
Se acaba de aprobar in extremis en el Congreso la Ley de Movilidad Sostenible (ya veremos que sucede en el Senado). Su contenido es un conjunto de buenas y ambiciosas intenciones, pero parece un suflé que, sin el compromiso político de ...
las distintas administraciones, puede desinflarse y quedar en unas millonarias inversiones de fondos europeos que no redunden en un cambio decisivo en la movilidad, sobre todo en la movilidad urbana.
Es un lugar común describir la jerarquía de la movilidad sostenible situando en la cima a los medios de movilidad activa, o sea, al peatón y a la bicicleta, e ir descendiendo hacia los medios de movilidad pasiva, o sea, aquellos que necesitan de un motor para moverse, priorizando el transporte público sobre el privado y, dentro de este, los no directamente contaminantes (eléctricos), sobre los contaminantes (combustión de hidrocarburos). Es indudable que en estos últimos años, aun sin una ley específica, se ha avanzado en intentar darle la vuelta a la jerarquía que situaba al automóvil como rey absoluto de la movilidad, monopolizando el tráfico y el diseño de las vías.






