O se le aplaude por desacomplejado, directo y peleón o se le detesta por lo mismo. Es un burgués de izquierdas que no piensa pedir perdón
La mayoría de los espectadores están acostumbrados a un único Gonzalo Miró (Madrid, 44 años). Ese que ya está acostumbrado a ponerse delante de la cámara, con el micrófono colocado a un lado de la camisa, sentado y sentido comodísimamente en un sofá, una silla o donde le toque. El mismo que da a entender que el mundo le importa lo justo, que los nervios los tiene dominados desde hace décadas, también las inseguridades. El que se ríe a carcajadas cuando algo le hace gracia, y se enfada sin contemplaciones cuando algo le chirría. ...
Hace tiempo que Miró dejó de ser sólo el hijo de Pilar Miró que salía en las portadas de las revistas. Conserva su apellido y su genética, pero vuela solo y bien. Y lo sabe. Lleva años de tertulias políticas, programas de actualidad y de deportes. La noche en 24 horas, Espejo público, Liarla Pardo, Todo es mentira, Las mañanas de Cuatro, Estudio estadio, Más vale tarde y Deportes Cope. Actualmente compagina la emisora de la Conferencia Episcopal con Directo al grano, el programa que copresenta con Marta Flich y que emite Televisión Española. Empezó varias licenciaturas, pero no acabó ninguna: Humanidades, Periodismo y Políticas. Sí finalizó su formación en cine en la New York Film Academy.






