El economista David McWilliams propone un recorrido por la historia del capital (casi sin citar a Marx) y vincula el desarrollo económico a otras formas de progreso

Tomad y bebed todos de él. Del mismo modo que un sacerdote católico convierte el vino en la sangre de Cristo, un banco central crea el dinero a partir de un papel sin valor. Es real porque todos creemos en él, voluntariamente o no. El capital es un producto de la imaginación humana. El dinero es poder y dominación, pero también puede ser liberación e independencia. Es una tecnología social, como el lenguaje, la ley o la religión, con capacidad para organizar la energía humana en torno a objetivos comunes con normas claras y compartidas. Estamos hechos de espacio y tiempo y ambos conceptos están vinculados al

s://elpais.com/noticias/capitalismo/" data-link-track-dtm="">capital. Todo lo que vemos pertenece a alguien y cada minuto tiene un precio. Una vez que comenzamos a creer en el dinero, no sabemos vivir sin él.

El primer ser humano del que conocemos su nombre es Kushim y nos dejó la contabilidad de un almacén de cebada para la elaboración de cerveza en Mesopotamia. No es una historia épica porque la mayoría del tiempo no estamos viviendo pasiones fervorosas o haciendo la guerra, sino produciendo o consumiendo, comprando o vendiendo, ahorrando o gastando. Es decir, usando dinero. David McWilliams es economista y ha trabajado en el sector público y privado, además de impartir clases. También es podcaster y fundador de un festival de monólogos sobre economía, algo que se nota en su faceta de escritor. Es un libro disfrutón y bien escrito que, más que leerse, se escucha.