El palacete albergó las reuniones de una logia hasta la Guerra Civil, pero llevaba décadas abandonado. Acogerá un museo y visitas guiadas

Pocos edificios resultan tan llamativos en las islas. Ubicado en una discreta calle peatonal de Santa Cruz de Tenerife, su fachada ofrece imponentes columnas palmiformes que sostienen al ojo “que todo lo ve”. Y vigilando las escalinatas de entrada, cuatro esfinges —durante años todas sin nariz, como la de Giza—. Desde la apertura del Templo Masónico en 1904 hasta la Guerra Civil,

l" data-link-track-dtm="">sus salas albergaron las discusiones de una de las logias masónicas que proliferaron en las islas, y fue lugar de encuentro y reflexión. Y pese a ello, el inmueble ha sufrido durante las últimas décadas un importante abandono que lo dejó prácticamente en ruinas. Hasta este lunes. El alcalde de la ciudad, José Manuel Bermúdez; acompañado por el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, además del ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, y la presidenta del Cabildo tinerfeño, Rosa Dávila, han presidido la reapertura del palacete tras una “minuciosa” rehabilitación —según las propias palabras del alcalde—, emprendida en el año 2022 que ha costado algo más de tres millones de euros aportados por el Ministerio de Cultura.