CosmoCaixa de Barcelona presenta en su emplazamiento definitivo el espectacular esqueleto de una de estas legendarias criaturas lanudas que ha estado de viaje por toda España
De Jean-Jacques Annaud a J. H. Rosny y Jane Auel, son numerosos los cineastas y los novelistas que han imaginado a los mamuts lanudos, los grandes parientes extintos de los elefantes, cuyo paso estremecía la tundra en la Edad del Hielo. Pero si hay una descripción reciente que recupera con toda su emoción la visión de aquellos gigantes peludos de grandes defensas curvadas es la que ha hecho en su último libro un científico. En las páginas de Auge y reinado de los mamíferos (Debate, 2024), el gran paleontólogo y divulgador Steve Brusatte, describe maravillosamente a un mamut macho solitario, erguido en la cresta de la morrena de un glaciar, alzando sus colmillos de dos metros en una pose de desafío. “El viento azotaba desde el nordeste, acribillando con nieve su pelaje lanudo anaranjado. El sol estaba bajo; se cernía la oscuridad del atardecer. Impertérrito, el macho elevó su peluda trompa hacia el cielo y emitió un barrito, como si tentara a los elementos”.
Era imposible no pensar en la imagen evocada por Brusatte esta mañana ante el espectacular esqueleto de mamut lanudo (Mammuthus primigenius) de CosmoCaixa que tras un largo e insólito periplo, ha quedado instalado definitivamente en el ámbito Evolución del museo (en la sala Universo, frente al Bosque inundado), en buena compañía, pues tiene otros restos paleontológicos a su alrededor y a tiro de piedra una representación de nuestros antepasados prehistóricos que cazaban a su especie.






