La presión de las fuerzas populistas de Europa fuerza a muchos gobiernos a rebajar los objetivos climáticos alegando el miedo a perder competitividad

Mientras varias capitales europeas negociaban a destajo más “flexibilidades” para cumplir los objetivos climáticos de 2040 que la UE debe aún confirmar por ley, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, hacía una sombría constatación a pocas semanas de la cumbre de la COP30 que Brasil celebrará en noviembre: el rebasamiento en los ...

próximos años del límite de 1,5 grados del calentamiento global fijado en los Acuerdos de París —de los que Europa se declara defensora máxima— es ya “inevitable”.

El diagnóstico es claro. Sin embargo, en Europa avanza el “pragmatismo” que diluye las ambiciones verdes y pide, como hicieron los líderes de los Veintisiete en la cumbre europea del pasado jueves, “soluciones asequibles” para las empresas y los ciudadanos.

Una diplomática europea involucrada en la negociación climática advierte de que ya no son solo los tradicionales países negacionistas, como Polonia o Hungría, quienes claman que la transición verde tiene un coste para las empresas y los consumidores y que Europa no puede competir con China y Estados Unidos, que tienen energía más barata y un gran apoyo estatal. Ahora, también los tres grandes de la UE (Alemania, Francia e Italia) han abrazado ese pragmatismo. Incluso España, que ahora es el gran referente socialdemócrata en la UE y ha hecho de la agenda verde parte de su bandera, está perdiendo algo de ambición, como muestra la petición —junto a Francia— de que se mantengan los objetivos sobre emisiones de coches, pero introduciendo para ello flexibilidades. La postura, señalan fuentes comunitarias, es hacer lo posible para salvar los muebles.