‘Frankenstein’, de Guillermo del Toro, acaba de llegar a los cines. Aprovechamos la ocasión para ahondar en la dieta del monstruo creado por Mary Shelley
“Mi alimento no es como el de los hombres; yo no destruyo al cordero ni al cabrito para saciar mi apetito. Las bellotas y las bayas me proporcionan suficiente alimentación”. Quienes opinen que el vegetarianismo y el veganismo no son más que modas surgidas hace dos días, quizá se sorprendan al descubrir que estas palabras, que bien podría haber pronunciado hoy mismo una persona que ha decidido dejar la carne fuera de su dieta, tienen más de dos siglos. Salen, nada menos, que de la boca del monst...
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ruo de Frankenstein, la criatura creada por Mary Shelley en 1818, y dicen mucho del contexto en el que se gestó esta historia y también de las ideas de su propia autora.
Es curioso que poca gente asocie el vegetarianismo con Frankenstein. Todos recordamos los rasgos terroríficos de la criatura —sobre todo los que han calado en la cultura popular gracias a las numerosas películas y cómics que se han hecho: la cara llena de cicatrices, los tornillos en el cuello, los movimientos torpes—, pero su sensibilidad con respecto a los animales rara vez es mencionada entre sus características más relevantes. Tampoco es un dato al que se suela hacer referencia cuando se habla de Mary Shelley, que fue una defensora del vegetarianismo, al igual que su marido, el poeta Percy Bysshe Shelley; en el caso de este último, sí es más conocido que se abstenía de incluir animales en el menú, gracias a su Vindicación de la dieta natural, un panfleto donde abogaba por una alimentación sin carne, publicado por primera vez en 1813.










