Núcleo Nacional agita el campo neonazi, que gana presencia en la estela de Vox. Madrid acoge en noviembre una cumbre de extremistas de Europa y Rusia

En medio de un frenesí de saludos nazis, Núcleo Nacional consigue armar un revuelo hace una semana en una protesta xenófoba mayoritariamente juvenil en Madrid. Antes han abierto una flamante sede y lanzado la convocatoria de la nueva temporada de asedio a Ferraz. Los acompañan en la manifestación sus camaradas de Democracia Nacional, que preparan una cumbre en Madrid de extremistas europeos, rusos incluidos. Dos fuerzas falangistas, que en mayo lograron reunir a una multitud de jóvenes y adolescentes también en la capital, se citan el Día de la Hispanidad en Vitoria a cantar el Cara al sol en una jornada que culmina con disturbios. Todas estas escenas desde mayo al pasado fin de semana muestran cómo la ultraderecha más allá de la ultraderecha, la que llama “derechita” a Vox, ha salido del rincón marginal y vive un momento de efervescencia y alta visibilidad antes de lo que en estos círculos llaman “noviembre nacional”, su mes grande, que este año incluye el 50º aniversario de la muerte de Franco.

Al observar su actividad, se ven cosas que no abundan en los actos de Vox, sobre todo brazos en alto. Pero, al acercar el oído, la música se parece. “Remigración”, proclaman Núcleo Nacional, Democracia Nacional o los falangistas, avanzadilla de toda una galaxia de grupúsculos. Es la misma palabra que usa Vox, un término tomado del ultranacionalismo alemán que apunta a la expulsión masiva no ya solo de inmigrantes, sino también de sus descendientes si no se han adaptado a la cultura nacional. La alerta por la supuesta sustitución poblacional también es parecida. Y todos calcan el énfasis en la amenaza islámica a la esencia cristiana española. Así que buena parte de lo que dice hoy la derecha neonazi, neofascista o falangista “lo hemos oído antes en el Congreso y la televisión”, señala la investigadora especializada en extrema derecha Anna López. “Lo que ayer era marginal hoy parece mucho más normal”, añade. Y el mérito es de Vox.