Hace un año, la dana de Valencia dejó un rastro de muerte y destrucción. El agua y el barro también borraron miles de fotografías, algunas únicas, de álbumes familiares. Un proyecto de las universidades públicas de Valencia ha restaurado parte de esa memoria visual, un paso más en el difícil proceso de recuperación.

El murmullo del discurrir del agua o el atisbo de una mancha de barro son suficientes para rememorar el horror. Les pasa a muchas personas que sufrieron la tragedia de la dana del 29 de octubre del pasado año en Valencia. El impacto es aún más directo cuando, casi un año después, vuelve a sonar en sus móviles la alarma para advertir del peligro de lluvias torrenciales y desbordamientos, ahora sí, con horas de antelación. La ominosa estridencia los devuelve a la fatídica tarde en que murieron familiares o amigos, o se salvaron gracias a la mano de un vecino, la rama de un árbol o al falso techo de una planta baja que pudieron romper para respirar....

Los recuerdos son necesarios en la búsqueda de esa normalidad que tanto se añora en cuanto se pierde. Recuperar las imágenes familiares de toda una vida que se guardaban perfectamente ordenadas en álbumes o caóticamente dispuestas en cajas forma parte de ese proceso. El agua y el fango destruyeron centenares de miles de fotografías de papel y otras tantas quedaron muy dañadas, marcadas por las huellas de la catástrofe que convierten en espectrales la expresión de la abuela que mira incómoda a la cámara, las despreocupadas risas de los amigos en aquel viaje de fin de curso, el reconcentrado rezo de una niña después de comulgar o el rígido retrato para el DNI.