Pese a los mitos, la mayor huella ambiental generada por esta bebida no proviene del final de su vida útil. Gracias a la optimización de sus procesos, una taza de café Nespresso genera un 24% menos de huella de carbono que un café preparado con una cafetera con molinillo integrado, y el reciclaje de cápsulas y posos apenas supone el 1% de las emisiones
El cambio climático acecha al café. Más de la mitad de las tierras adecuadas para este cultivo en todo el planeta podrían dejar de serlo hacia el año 2050, según un estudio publicado recientemente en la revista científica Plos One. La investigación, realizada en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich (Suiza), analizó cómo el aumento de las temperaturas y la variación de las lluvias afectarán a las zonas tropicales. Las regiones con condiciones favorables para el café se desplazarán hacia lugares más altos. En muchos países desaparecerán productores tradicionales. En resumen, a pesar de que el estudio también hizo un seguimiento de productos hermanos como el aguacate y el anacardo, el café resultó ser el más vulnerable, con impactos negativos predominantes en todos sus territorios.
Con una simple acción se pueden mermar estos efectos: comenzar desde una elección rutinaria como la marca de café o la manera de prepararlo. Marcas del sector, como Nespresso, tienen un plan de acción: analizar su impacto en toda la cadena de valor y colaborar en el reciclaje de sus cápsulas. Gracias a una combinación de café, energía y agua, su huella de carbono es un 24% menor comparada con una cafetera como la popular superautomática, por ejemplo, una cafetera con molinillo integrado.







