Los consumidores estadounidenses gastan más de 100.000 millones de dólares al año en productos de café, según la Asociación Nacional del Café
Los precios mundiales del café alcanzaron máximos históricos este año, lo que provocó un aumento vertiginoso del coste de los capuchinos y los cafés con leche. Pero es difícil dejar el hábito de la cafeína. Así que, en lugar de renunciar a su café diario, la gente está optando por opciones más baratas, como los baristas con servicio desde el coche o los granos enteros que se entregan en su domicilio.
Una serie de datos, entre los que se incluyen las visitas a cafeterías estadounidenses y encuestas internacionales a consumidores, apuntan a un cambio creciente en los hábitos de los consumidores de café que refleja cómo los consumidores de todo tipo de productos, desde burritos hasta filetes de ternera, se están adaptando a la persistente inflación.
Se trata de una tendencia empresarial que está aumentando la competencia para algunas de las cadenas más grandes, pero también supone un cambio cultural entre los miembros de la generación Z, más conscientes de los costes.
“Las cafeterías han perdido un poco de brillo, un poco de impulso a medida que ha crecido el mercado doméstico”, afirma James Hoffmann, experto en café, influencer de YouTube y cofundador de la tostadora Square Mile Coffee. El segmento más barato del mercado seguirá expandiéndose porque “la gente tiene presiones económicas y necesita cafeína”, afirmó en la cumbre europea de cafeterías celebrada en Berlín el mes pasado.






