Varios colectivos aseguran que se “fabrican delitos de tráfico a partir de cantidades de uso personal”, con fijación en los gais en el centro de Madrid. La Fiscalía del Supremo ha puesto el foco en el asunto

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“¿En tu casa hacéis fiestas de esas en las que folláis los maricones y os drogáis?”. Con esta pregunta comenzó una pesadilla policial y judicial para Ernesto, de 39 años. “Fue en 2023. Estábamos de fiesta en casa, celebrando el cumpleaños de mi pareja, con un montón de amigos y decidimos ir al Strong”, cuenta. Cuando estaba en la cola de la icónica discoteca gay madrileña, unos hombres se identificaron como policías y los registraron. “Nos quedamos un poco de piedra. Llevaba un bote de G [GBL], un gramo de mefe [mefedrona] y un par de pastillas. Todo para nuestro consumo propio. De forma brusca, me detuvieron y me llevaron a comisaría”, explica Ernesto, que trabaja en marketing y prefiere no dar su nombre real.

Le acusaron de tráfico de drogas. “Con un bote de 30 mililitros de G me metían en la cárcel. Estimaban un valor de miles de euros en el mercado, cuando ese bote cuesta 30 euros”, explica el hombre. “El GBL no está catalogado como un estupefaciente”, apunta el abogado experto en casos de tráfico de drogas Francisco Azorín Ortega, que ha llevado cuatro casos con analogías al de Ernesto. Además, la Fiscalía del Tribunal Supremo ha incoado diligencias para investigar esta situación.