Es un secreto a voces que hay consensos básicos que el PP no va a destruir, lo cual es una decepción para los que quieren un cambio radical
El mayor problema de Alberto Núñez Feijóo es que una parte de la derecha no cree que sea una alternativa real a Pedro Sánchez. Vivimos tan inmersos en la polarización que incluso cuesta pensar que el líder del Partido Popular no sea ese ultra que la izquierda asegura que es. Ahora bien, si Vox crece hoy en las encuestas a costa del PP, es porque
-suyos.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/espana/2025-05-18/feijoo-malogra-su-tiron-incluso-entre-los-suyos.html" data-link-track-dtm="">muchos ciudadanos que votarían a Feijóo no creen que este vaya a hacer cosas tan distintas a las del Gobierno progresista, por paradójico que resulte.
Emerge aquí el precedente de Mariano Rajoy. Pese a prometer bajadas fiscales en campaña electoral, Rajoy tuvo que enfrentar las consecuencias de la crisis económica: no solo aumentó la carga impositiva, sino que después llegó a ironizar sobre ello. Sin embargo, en muchas leyes que nada tenían que ver con el bolsillo, su base social también quedó insatisfecha. No derogó la Ley de Memoria Histórica de José Luis Rodríguez Zapatero —a lo sumo, la dejó sin financiación—, y su ministro Alberto Ruiz-Gallardón tampoco logró revertir la reforma del aborto del PSOE ante las protestas en las calles. Como dijo una vez el propio Rajoy: “Si alguien quiere irse al partido liberal o al conservador, que se vaya”. Pronto aparecieron Ciudadanos y Vox para disputarle ese espacio, al sentir que el PP había traicionado a su base social, tanto en lo moral como en lo económico.






