El gran problema de fondo sigue en el retraso de la amnistía para Puigdemont

En el hemiciclo del Congreso habita un ecosistema propio. Si uno está atento, se puede escuchar casi todo lo que se rumorea en las bancadas. Y, sobre todo, desde las tribunas altas, donde está la prensa, se puede percibir con claridad el estado de ánimo de los diputados, que a veces coincide a los dos lados del hemiciclo. Este miércoles fue una de esas raras veces. Cuando Miriam Nogueras le dijo a un Pedro Sánchez descolocado

-en-el-desorden-del-pp-y-junts-avisa-de-que-ha-llegado-la-hora-del-cambio.html" data-link-track-dtm="">“quizá habría que hablar menos del cambio de hora y empezar a hablar de la hora del cambio” se escuchó con claridad un murmullo, un “oooh”. De alegría en las bancadas de la derecha, de preocupación en las de la izquierda. Pero en todas coincidían: acababa de pasar algo diferente, un salto. Nogueras llegó a hablar incluso de “financiación ilegal”, la línea roja que muchos socios se marcaron para retirar el apoyo a Sánchez.

Inmediatamente en los pasillos todas las conversaciones se centraron en eso. ¿Junts va en serio? ¿Es solo un amago o pueden romper? El PP se lanzó rápidamente a ofrecerse: “Si quieren moción de censura, aquí estamos, podemos hablar”, señalaban en su cúpula. El Gobierno trató de minimizar: “Es un juego de palabras, las cosas están como siempre, no hay novedades”, señalaban varios ministros, en una especie de consigna oficial.