Pensar y votar no siempre se rozan. En vísperas electorales, prefiero suponer eso a suponer que millones de ciudadanos eligieron reflexivamente a Milei
Nos dicen que somos charlatanes, que simulamos que sabemos lo que no sabemos; yo creo que lo peor es que simulamos que no sabemos lo que sí. Como dicen en mi barrio: nos hacemos los boludos —y nos sale muy bien—....
Este domingo, la Argentina —o lo que queda de ella— enfrenta unas elecciones que, como casi todas, parecen definitorias. En estas se definirá en qué nivel de indefinición seguirá viviendo el país. Aunque hay algo que parece definido: el señor Milei seguirá presidiéndolo.
En términos prácticos, estas elecciones tan cacareadas apenas decidirán, aritmética primaria, si el presidente consigue legisladores suficientes como para evitar que el Congreso rechace su veto cada vez que intenta ejercerlo. Digo: al señor Milei no le alcanzan los congresistas para votar sus leyes, y el Congreso empezó a promulgar las suyas propias, así que el gran poder presidencial consistiría en vetar esas leyes del Congreso. Pero, con los números actuales, el Congreso puede a su vez vetar el veto y reafirmar sus leyes, y eso es lo que está haciendo, un verdadero vodevil politiquero, nada entre dos insultos. Milei espera que, si este domingo le va muy bien, podrá empezar a vetar de verdad.







