Desde 2021, la ley limita los pagos en efectivo a 1.000 euros entre empresarios o profesionales
La semana pasada, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reconocía haber cobrado dinero en efectivo como secretario general del PSOE, aunque “no era habitual”. Durante años, muchas empresas e instituciones han funcionado con una fórmula sencilla: abonar dietas o gastos profesionales de sus empleados (taxis, comidas de empresa, alojamientos, etc.) en efectivo y justificar después el desembolso con la correspondiente factura o ticket de compra. Sin embargo, la generalización de los pagos electrónicos y las normas contra el fraude fiscal han reducido al mínimo el margen para usar dinero en metálico en el ámbito empresarial o institucional. Hoy, el medio de pago importa, y mucho, a ojos de Hacienda.
El debate cobra fuerza en un momento en el que la Agencia Tributaria intensifica su vigilancia sobre los gastos deducibles de las empresas. ¿Es válido abonar una comida con un cliente en metálico y deducirla después como gasto profesional? ¿Qué ocurre si se liquida en efectivo la compra de material de oficina? ¿ Y si se reembolsa en mano un desplazamiento a un empleado? La respuesta depende del importe, de si el gasto está adecuadamente documentado y, sobre todo, de si se puede trazar su origen y destino.






