El gasto efectivo en las escuelas requiere movilizar recursos suficientes, distribuirlos con criterios técnicos, ejecutarlos efectivamente y monitorear los resultados con transparencia

Una ciudad latinoamericana exigió recientemente 32 especificaciones técnicas para comprar bolígrafos escolares, los mismos que cuestan 50 centavos en cualquier kiosco. Mientras tanto, millones de dólares en computadoras educativas permanecen guardadas en bodegas, sin usar, porque nadie planificó la capacitación docente ni verificó la conectividad. Esta paradoja, documentada en nuestro nuevo libro Gasto Inteligente en Educación Escolar en América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), captura perfectamente el desafío educativo de nuestra región: no solo gastamos poco, gastamos mal.

América Latina invierte hoy el menor porcentaje del PIB en educación en dos décadas. La recuperación postpandemia ha sido lenta y las brechas de aprendizaje con países desarrollados persisten. Pero después de analizar 22 sistemas educativos para este libro, puedo afirmar que el problema va más allá de los recursos y que las lecciones trascienden nuestra región. República Dominicana ha logrado avances importantes al garantizar constitucionalmente el 4% del PIB para educación, lo que se ha reflejado en una mejora de 14 puntos en las pruebas PISA de matemáticas, así como en un mayor acceso y mejores condiciones de base. Esto representa una oportunidad para enfrentar los desafíos pendientes en la calidad y avanzar en reformas que fortalezcan la eficiencia del gasto. Los resultados evidencian un compromiso claro con la inversión en educación.