El Comité Central comunista se reúne en Pekín para dar forma a un programa económico que determinará las relaciones de la gran fábrica del planeta con sus socios comerciales

Desde este lunes, en el hotel Jingxi, un bloque grisáceo y cuadriculado bajo custodia militar en el oeste de Pekín, cerca de 370 líderes del Partido Comunista de China se reúnen a puerta cerrada para dar forma al 15º plan quinquenal. Reliquia de la era soviética, el programa establecerá las guías esenciales para el desarrollo económico y social de la segunda economía mundial en lo que queda de década.

La reunión del pleno del Comité Central, la base de la pirámide de poder chino, será escrutada al máximo; cualquier información de la prensa oficial, interpretada como si fueran las runas por inversores financieros, analistas, ejecutivos de multinacionales y geoestrategas de la política global. Las deliberaciones son secretas, se prolongarán cuatro días y tienen lugar en un momento convulso, marcado por el recrudecido choque comercial y tecnológico con Estados Unidos, la ralentización del modelo de crecimiento chino y los retos de las transformaciones productivas y sociales derivadas del salto tecnológico.

El contenido del plan, cuyas líneas maestras no solo fijan el rumbo chino, sino que reverberan sobre el resto del planeta, no se conocerá hasta marzo, pero el Partido ha dejado algunas miguitas para indicar por dónde irán los tiros. Los líderes comunistas pondrán el acento en cuestiones de tecnología y de seguridad, según se desprende de una reunión del Politburó (segundo órgano en el escalafón de poder) celebrada en septiembre. En esa cita, los altos cuadros mencionaron la necesidad de “fomentar nuevas fuerzas productivas de calidad”, según una nota de la agencia oficial Xinhua.