Hemos visto imágenes del genocidio en Gaza, de los cadáveres, la hambruna, la desesperanza, pero en el campo de visión de nuestra conciencia se abre un vacío

El dramaturgo Wajdi Mouawad usa una imagen para explicar los conflictos y arcos narrativos de sus personajes: la hipotenusa. Dos puntos superpuestos, unos sobre el otro, están unidos, todo va bien. Dos hermanos, dos hermanas, un padre y una hija, una madre y un hijo. De pronto, algo ocurre, la traición, la tragedia, el dolor y cada uno de los puntos empieza a trazar una línea y a av...

anzar en direcciones distintas. Se separan –¿Cómo pudiste? Ya no te reconozco ¡No quiero volver a verte!– y dejan de hablarse. El diálogo está roto, no hay forma de reencontrarse. Ante ellas, solo vacío. Lo único que puede deshacer el odio y encaminarlas de nuevo hacia la paz es un gesto, el trazo de una hipotenusa que salve el abismo.

“Si me hubierais hecho esta pregunta hace dos años, os habría respondido algo completamente distinto, mucho más optimista,” dijo Mouawad el octubre pasado en el patio del CCCB en Barcelona. Le preguntaban por el papel del teatro en el camino hacia la reparación. Hacía un año exacto de los ataques de Hamás y del inicio de un genocidio que añadiría una capa más de crueldad a la larga historia de la ocupación. Antes de eso, habría tenido palabras para la esperanza, pero ese día, 8 de octubre de 2024, Mouawad no las encontraba. “El nivel de injusticia y el sentimiento de humillación son tales que hablar de reconciliación hoy es casi insultante”.