La neurocientífica irlandesa, especialista en dolencias psicosomáticas, estima que la carrera por detectar enfermedades antes incluso de que se manifiesten ha provocado una tendencia al sobrediagnóstico que puede hacer más mal que bien

Suzanne O’Sullivan delata por sus ojos, su pelo, sus maneras suaves pero firmes y su afabilidad que es irlandesa por los cuatro costados, aunque siempre haya ejercido su especialidad de neurología en Londres, actualmente en el Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de la capital británica. Llega puntual a la cita, en un café que a esas horas debería haber estado abierto pero que desafortunadamente no lo está. EL PAÍS propone caminar hacia otro establecimiento cercano, pero la doctora ...

elige permanecer en una de las mesas de la terraza callejera del local. La mañana es soleada, el lugar es tranquilo. “Y yo nunca tengo frío”, añade con una sonrisa.

Es autora de éxito desde hace muchos años, con esa habilidad que pocos especialistas, ya sea en la medicina como en la ciencia, tienen para enganchar al público general con un lenguaje y una técnica narrativa accesibles y didácticos. Especializada en la epilepsia y en trastornos psicosomáticos, O’Sullivan, que siempre quiso ser escritora pero una infancia humilde en Irlanda la empujó a una carrera más práctica —de las que en teoría te da un trabajo para toda la vida—, se enamoró pronto de la complejidad de la mente humana.