Un estudio incide en cómo la desinformación alimentaria es una amenaza que altera hábitos de compra y erosiona reputaciones

La desinformación sobre alimentación es hoy una amenaza real para consumidores y empresas. Su impacto ya no solo erosiona reputaciones y resultados, sino que puede alterar hábitos de compra, incentivar dietas desequilibradas y, en última instancia, poner en riesgo la salud pública. Esta es una de las principales conclusiones del informe Salud, Alimentación y Fake News, elaborado por la Oficina Alimentaria de la consultora LLYC, en colaboración con Newtral, que documenta cómo determinadas narrativas virales han sido capaces de desencadenar crisis comerciales y regulatorias en España.

“La conversación pública sobre alimentación y salud nunca había estado tan expuesta a la desinformación. Las redes sociales han amplificado la velocidad y el alcance de mensajes emocionales y bulos que confunden al consumidor y erosionan la confianza en la industria. Afrontar este riesgo exige mecanismos de desmentido rápidos y creíbles, una mayor coordinación con los medios de comunicación y campañas educativas que refuercen la evidencia científica”, señala Fernando Moraleda, director de la Oficina Alimentaria de LLYC.