En ‘Frenar a Silicon Valley’ Gay Marcus explica cómo la carrera de ganar más y más dinero está detrás de la imprudencia de haber lanzado al mercado un producto de Inteligencia Artificial imperfecto
Ya no es cosa de haber crecido en el mundo digital o en el analógico, ni es cuestión de mayores o menos habilidades en el manejo de internet, las redes, sus códigos, sus mecanismos, herramientas y controles.
" title="https://elpais.com/ideas/2024-12-07/la-ia-es-una-quimera-real-puede-hacer-el-mundo-radicalmente-mejor.html" data-link-track-dtm="">El salto es de otra magnitud: es cualitativo. La transformación del mundo que sucede bajo nuestros párpados ensimismados es estructural y veloz como nunca antes. La percepción subjetiva de un cambio relevante es necesariamente trastornadora, y así ha sucedido con cualquiera de los ingenios que pautan la evolución progresivamente acelerada de Occidente desde la revolución industrial. Ya no. Estamos en otro sitio, aunque parezca que todo sigue igual, y el pan se cuece en los hornos, las tortillas se hacen con huevos, y los políticos peroran con dignidad unos y con zafiedad otros. Mentira. Ya no es así porque el alcance y la movilización de afectos, intereses y adicciones que ha activado la revolución digital sucede a una escala mundial y sectorial a la vez, fragmentada y personalizada, pero también transversal e institucional: ¿cómo va a someter el Gobierno de un país la impunidad de las grandes tecnológicas en su propio territorio si la mayoría de los Estados dependen de esas mismas grandes tecnológicas para prestar servicios elementales?






