El monesgasco, 204º del mundo, vence por 6-3 y 6-4 al serbio, de nuevo tocado. Es el finalista de un M-1000 con peor ‘ranking’ y se enfrentará a su primo Rinderknech

Lo pelea Novak Djokovic de extremo a extremo, lo habitual en él, pero esta vez no hay escapatoria: su físico menguante no da más de sí y desde el otro lado le aborda serio, muy concentrado y con toda la ambición Valentin Vacherot, un desconocido que ha encontrado la gloria en estos días tan extraños de Shanghái. El gran viaje de su vida. El 6-3 y 6-4 (después de 1h 42m) conduce a la final del torneo al monegasco y le asigna un rótulo histórico, puesto que desde ahora es el jugador con menor ranking (204º del mundo) que alcanza el episodio definitivo en un Masters 1000. Está feliz, pero lo celebra con elegancia, sabedor de que al otro lado hay una leyenda que compite cogida con alfileres.

Sufrimiento continuo el de Djokovic, que empezó la competición con dolores en una pierna y la termina castigado por los cuatro costados, atendido también de unas punzadas en la cadera y con cintas protectoras en la región escapular. Tapes también en la cara interior y posterior del muslo izquierdo, y una indudable conclusión visto lo visto: esto se le hará cada vez más y más largo. Loables la predisposición, la rebeldía y el esfuerzo de siempre, ese espíritu inquebrantable y único desde el punto competitivo; pero, al mismo tiempo, los hechos transmiten que sus opciones van reduciéndose y que el horizonte se estrecha.