En el 150 aniversario de la muerte del artista catalán, distintos actos y exposiciones en España le rinden homenaje. Su evidente cariño por pintar jardines queda patente en su soltura a la hora de retratar las diferentes especies de plantas, con especial pasión por las malvarrosas
Para los amantes del arte siempre hay algún suspiro que se escapa por aquellas personas creadoras de belleza que murieron jóvenes, artistas que desaparecieron demasiado pronto y que dejaron una sensación de vacío por todo lo hermoso que todavía podrían haber regalado a la humanidad. El pintor alemán Adam Elsheimer (1578-1610) falleció con tan solo 32 años, legando una obra muy bella y original, como no se había visto en otros pintores de la época.
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ida.html" data-link-track-dtm="">Sus pinceles ilustraron pasajes que no eran habituales, y en sus obras se aprecia el gusto por el detalle; de hecho, sentía predilección por elaborar cuadros de pequeño formato, con una maestría fascinante, en los que aplicaba unos efectos lumínicos hermosísimos llenos de realidad, daba igual que fueran efecto de una puesta de sol, de una noche estrellada o de la llama de una candela. Tan elevado era su arte, que incluso un colega coetáneo de la talla del enorme Rubens (1577-1640) —poseedor de varias obras de Elsheimer— lamentó su muerte con una frase que habla de su admiración por el artista desaparecido: “Uno podía esperar cosas de él nunca vistas antes y que ya nunca veremos”.






