Excelso pintor de paisajes, el artista belga destacó por retratar cientos de especies de plantas. Si hacía falta, retrasaba un encargo para esperar una floración o viajaba para observar las que no tenía en su entorno con tal de recrearlas a la perfección

Artistas de todas las épocas han sucumbido a la belleza de las plantas. Una de las anécdotas más conocidas, en las que se relaciona la botánica con el arte, la narró en el siglo I el naturalista y escritor romano Plinio el Viejo, en el libro XXXV de su Naturalis Historia. Este cuenta cómo, en el siglo V antes de Cristo, se estableció una disputa po...

r demostrar quién era mejor pintor, si los afamados Parrasio o Zeuxis. Este último “presentó unas uvas pintadas con tanto acierto que unos pájaros se habían acercado volando a la escena”, atraídos por la carnosidad jugosa del racimo, y aquellas aves se convirtieron así en jueces que aprobaron con matrícula de honor el arte de Zeuxis. Pero el veredicto no estaba aún decidido, ya que Parrasio exhibió su cuadro oculto por una tela. Zeuxis, seguro hasta ese momento de su triunfo al haber engañado a los pájaros con su arte, “se apresuró a quitar al fin la tela para mostrar la pintura” de Parrasio, para darse cuenta de su gran error, puesto que la tela estaba pintada. Zeuxis reconoció la victoria sin paliativos de Parrasio, “porque él había engañado a los pájaros, pero Parrasio le había engañado a él, que era artista”, concluye la narración de Plinio el Viejo. Zeuxis no escarmentó después de la derrota, y pintaría un niño con uvas en la mano, racimo que unas aves volvieron a picotear. El lamento de Zeuxis se dejó oír de nuevo: “He pintado las uvas mejor que el niño, pues si hubiese logrado la misma perfección en el niño, los pájaros deberían haber tenido miedo”, concluyó apesadumbrado.