El presidente de la patronal se burla de la propuesta de ampliar el permiso por el fallecimiento de un familiar a 10 días
Hasta que murió mi abuela, nunca había visto a mi abuelo expresar con palabras pesadumbre o tristeza. Creo, de hecho, que nunca lo había visto verbalizar sentimiento alguno. En tercero de carrera nos mandaron escoger un personaje del siglo XX y hacer una breve biografía, así que yo lo elegí a él como paradigma del obrero de la época. El día que le llevé el trabajo no me dio las gracias sino 20 euros y un abrazo. Tampoco creo que el mío sea el único abuelo cuyos nietos jamás han visto verbalizar emoción n...
inguna: pertenecen a una generación en la que, tanto para bien como para mal, no eran tan importantes.
El caso es que algo cambió cuando mi abuela Mari Cruz, su Mari Cruz, murió de repente: que, también de repente, empezó a hablar de todo lo que la quería y de lo mucho que la echaba de menos. Un día fue al programa de Ramón García a buscar novia y dedicó la mayor parte de su intervención a hablar de mi abuela, así que no le salió ninguna pretendienta. Para mí, y supongo que para otros miembros de mi familia, fue extraño y bonito comprobar como, siempre que uno lo permita, la realidad nunca deja de moldearle.







