La inacción e irrelevancia en la crisis de Gaza es sintomática de una Europa incapaz de actuar en un mundo de fuerzas desatadas
Una tenue esperanza de que el indescriptible sufrimiento de los civiles de Gaza encuentre alivio, al menos durante un tiempo, se abre paso en los corazones de tantos, entre ellos
/2025-10-04/italia-y-gaza-un-despertar-utopico-contra-los-senores-de-la-noche.html" data-link-track-dtm="">los europeos que se movilizaron en su defensa. Esa movilización no fue decisiva, pero tampoco indiferente. Si bien no debe magnificarse su impacto, la indignación de tantos —y el consiguiente desgaste político— ha sido uno de los factores sobre la mesa del viraje geopolítico. Cabe extraer de ello mayor convicción para pasar a la acción ante nuevas injusticias.
La acción en el plano cívico europeo contrasta con la deprimente inacción en el plano político. Como es notorio, la UE mantuvo una reprobable pasividad ante los abusos de Israel. Algunos de sus miembros, como España, adoptaron posiciones moralmente correctas, pero aun así estériles y contenidas, sin llegar a sanciones significativas o cortes de relaciones diplomáticas. Ahora, asistimos a una loable manifestación de voluntad de involucrarse en el incipiente proceso diplomático o en el esfuerzo de estabilización del cese de hostilidades, pero no hay que engañarse: los europeos no pintamos nada en esa crisis, y no lograremos influenciarla para bien en esta fase tampoco. Geopolíticamente, ocurrirá lo que otros determinen.






