Este funcionario retirado gallego empezó a trabajar en modelaje a los 88 años. Hoy, las marcas se lo rifan para campañas de publicidad, desfiles y ‘photocalls’. “Fumo, bebo y tomo el sol. Hago todo lo que no hay que hacer”, asegura
Andrés García-Carro (A Coruña, 93 años) solo tenía 17 años cuando llegó a Madrid. Vino a la capital para estudiar Derecho y con el sueño de convertirse en diplomático. Tras graduarse, consiguió plaza como funcionario en el Ministerio de Información y Turismo. En los sesenta, Manuel Fraga lo destinó a Argentina como agregado de la Embajada de España en ese país. Estuvo allí hasta la década de 1980, codeándose con personalidades como
50215.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/diario/1984/07/10/cultura/458258401_850215.html" data-link-track-dtm="">Claudio Sánchez Albornoz, Gregorio Marañón, Jorge Luis Borges o Juan Manuel Fangio. Volvió a España en la Transición. “Durante el franquismo, decían que era rojo. Cuando volví, con la democracia, decían lo contrario”, recuerda. Dejó el ministerio, creó una inmobiliaria y le fue muy bien.
A los 88 años, ya retirado, una nieta le propuso probar suerte como modelo. Ahora las marcas de moda se lo rifan para campañas, desfiles y photocalls. Y en su Instagram (@thespanishking) acumula casi 62.000 seguidores.






