No hay ni rastro de la energía de Imanol Uribe en una película de gran carencia presupuestaria y un guion superficial

Una producción poco solvente en la que se adivinen las carencias presupuestarias casi a cada momento no tiene por qué cargarse de primeras una película, pero en las historias de época puede suponer el principio del fin. Si a ello le añadimos un arco temporal y un sistema social y político de enorme complejidad, aunque expuesto de un modo superficial en la narración y en el retrato de personajes, el castillo acaba derrumbándose sin remedio. Ambas cuestiones marcan la decepcionante La sospecha de Sofía, dirigida por el veterano

he.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2022-03-24/imanol-uribe-vuelve-a-la-madrugada-del-asesinato-de-ignacio-ellacuria-y-sus-companeros-jesuitas-en-llegaron-de-noche.html" data-link-track-dtm="">Imanol Uribe, basada en una novela de Paloma Sánchez-Garnica, que ha adaptado para la gran pantalla Gemma Ventura.

Los libros de Sánchez-Garnica comparten estar ambientados en periodos históricos convulsos y tener tono de novelas de género (intriga, espionaje…). Son relatos que, junto a los conflictos de los personajes (normalmente familiares), se suelen adentrar en contextos políticos de enorme enjundia. Todo ello está presente en La sospecha de Sofía, desarrollada entre mediados de los años sesenta y la caída del muro de Berlín, y protagonizada por dos hermanos gemelos separados al nacer que han vivido en torno a sendas dictaduras: la fascista de Franco y la comunista de la antigua República Democrática Alemana.