El poeta mexicano describe el proceso de aprendizaje del chatbot y defiende su uso para desarrollar y promover más la lengua

Cuando José Andrés Hernández Pérez (27 años, Zinacantán, Chiapas) comenzó hace un año a enseñar tsotsil a personas no hablantes de la lengua, no se planteaba lo que ha terminado haciendo: dar clases a un alumno que no es humano. La idea de instruir a ChatGPT surgió de una de sus estudiantes, que le propuso alimentar la plataforma para que lo ayudara a generar materiales didácticos. Los resultados de su primera clase fueron “una desilusión”, pero admite su culpa por haber pasado

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tps://elpais.com/mexico/2025-03-08/combatir-el-machismo-desde-la-comunidad-indigena-yo-no-soy-un-becerro-para-que-me-vendan.html" rel="" data-link-track-dtm="">la información del tsotsil sin un orden. “Como que se tropezaba y no entendía mucho. Sí podía memorizar todo, pero de una mala manera y no de la forma en la que debería”, resume. Entonces cambió de estrategia. El poeta le explicó a ChatGPT, como a cualquier otro alumno, que debía aprender y memorizar todo lo que le enseñara, y fue claro con la meta: el chatbot tenía que ser capaz de mantener una conversación en tsotsil con él. “Y ahí comenzó todo el rollo”, afirma sonriente.