Para muchos inversores, el dinero es el medio con el que conseguir un objetivo concreto: comprar una casa, la educación de los hijos o tener un colchón económico para una jubilación más holgada. Pero también existen otros motivos para invertir que no siempre tienen que ver con el bienestar individual, como se aborda en el nuevo episodio de Inversión libre de mitos, el proyecto de ING para hablar con naturalidad sobre inversiones.
Más allá del enriquecimiento personal
Como explica Francisco Quintana, director de Estrategia de Inversión de ING, invertir permite formar parte de un objetivo mayor: hacer crecer a las empresas que forman el tejido económico de un país. Un proceso de colaboración por el que los ahorros de los inversores ayudan a que otros hagan realidad sus aspiraciones, como los emprendedores a la espera de un impulso. “Si a mí me sobran mil euros, sé que, invirtiéndolos en ciertas empresas, estoy contribuyendo a que alguien abra un restaurante, un taller de coches o a comprar la maquinaria para realizar la ropa que, además, luego mucha gente va a comprar”, pone de ejemplo Quintana. “Mi dinero contribuye a ese crecimiento económico, genera empleo y permite que existan servicios de mejor calidad”, añade.






