Las políticas de diversidad, equidad e inclusión o la apuesta por la sostenibilidad están experimentando un retroceso a mayor velocidad incluso de la que emergieron
La embarcación se agita más; la corriente se acelera y el rugido de fondo, que anticipa la cascada, suena cada vez más fuerte. En el tiempo que nos toca vivir, marcado por la incertidumbre y las perspectivas de futuro poco claras, el presente se ha convertido en el espacio y el momento en el que centrarnos y desarrollar nuestra vida.
Desde hace un tiempo venimos observando cómo la inmediatez y el corto plazo ocupan un espacio central en nuestras vidas. Todo cambia, se transforma hasta casi resultar irreconocible, en ciclos cada vez más rápidos y disruptivos. El mercado está respondiendo a esa lógica. Las compañías buscan generar incentivos de forma rápida para los consumidores con recompensas a corto plazo. La idea es simple: hay que vivir el ahora y no podemos dejar pasar la oportunidad.
Pero esto plantea dos problemas en la relación con sus clientes. El primero, la sostenibilidad de esos vínculos en el largo plazo; el segundo, de qué manera establecer una relación duradera si no existe una promesa de futuro que vaya más allá del hoy. Para poder resolver esto hay que entender tres ejes fundamentales que marcan nuestro tiempo.






