Las cataratas Victoria, travesía en canoa, una noche al raso, avistamiento de fauna... Un viaje siguiendo los hitos del gran explorador británico, que pasó más de 30 años caminando por África documentando ríos y luchando contra la esclavitud
El 16 de noviembre de 1855, el escocés David Livingstone tuvo que alucinar. Y eso que había visto cosas ya alucinantes en los 15 años que llevaba dando tumbos por África. Había cruzado dos veces a pie el desierto del Kalahari, había remontado por primera vez la cuenca alta del Zambeze hasta salir por el océano Atlántico y volver sobre sus pasos. Pero cuando a finales de ese año, tras descansar en la cabaña de su amigo Sekeleku, jefe de la tribu de los makololos, emprendió via...
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je de nuevo río abajo dispuesto a explorar esta ocasión lo que le quedaba de cuenca hasta la desembocadura, no imaginaba lo que le esperaba. Sekeleku ya le había advertido que se encontraría con “mosi” o “tunya”, el humo que truena. De esta manera se convirtió en el primer europeo en ver las impresionantes cataratas Victoria, por las que el río Zambeze se desploma al fondo de una gran grieta de 1.700 metros de largo y algo más de 100 de fondo. Aunque era poco dado a cambiar el nombre que los aborígenes daban a los accidentes geográficos, esta vez hizo una excepción y las bautizó con el nombre de su reina.






