El movimiento MAGA, que considera al activista asesinado como un “mártir”, defiende la mezcla de un credo conservador religioso con la política

Incluso para los estándares de un país que aún no ha conocido un presidente que no fuera cristiano; en el que los actos políticos, sobre todo los republicanos, empiezan con una oración colectiva; y la frase “Dios bendiga a Estados Unidos” es un comodín para cerrar cualquier discurso, el memorial de Charlie Kirk celebrado el domingo tuvo pocos precedentes en la historia reciente por su confusión entre los asuntos de la religión y la política.

Durante las cinco horas que duró el homenaje, en el que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprovechó para incidir en el ataque a sus adversarios políticos, esa “izquierda radical” a la que promete hacer pagar la muerte de Kirk, algunos de sus aliados de mayor rango de la Casa Blanca —de Marco Rubio, secretario de Estado, al vicepresidente J. D. Vance, ambos católicos— hablaron con gran detalle de su fe y de la del homenajeado. Ante una multitud de unas 100.000 personas que llenó dos estadios deportivos a las afueras de Phoenix (Arizona), recordaron las enseñanzas de Jesucristo, compararon a Kirk con San Esteban, primer mártir cristiano, y citaron la Biblia con un detalle más propio de un seminario que de la congregación de la plana mayor de la primera potencia mundial.