Fotografía de archivo del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, en la ONU. EFE/Jason Szenes
Por Javier Otazu |
Naciones Unidas (EFE).- La semana de alto nivel de la Asamblea General de la ONU (22-29 de septiembre) va a estar este año dominada por la guerra de Gaza, a punto de cumplir dos años, y los esperados anuncios de grandes potencias occidentales de reconocer al Estado de Palestina, un paso que hasta ahora se negaban a dar si no contaba con el beneplácito de Israel.
No se veía tal expectación desde el año 1974, cuando el carismático Yaser Arafat, el líder que dominó durante décadas la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), subió al podio de la Asamblea y pronunció su famoso discurso del olivo y el fusil: «Vengo con el fusil del combatiente de la libertad en una mano y la rama de olivo en la otra. No dejen que la rama de olivo caiga de mi mano», pronunció. Evidentemente, era una metáfora, nadie vio la rama ni el fusil, pero pasó a la Historia.
Ha pasado mucho desde aquel discurso, guerras e intifadas, siempre con el resultado de que los palestinos han ido perdiendo tierra y derechos, hasta el punto de que muchos analistas dudan de que sea viable un Estado en un territorio completamente fragmentado, aparte del hecho de que Israel nunca ha admitido esa posibilidad.













