La soprano lituana se erigió como lo más sobresaliente en la apertura de la temporada 25/26, con la reposición de la fría y distante producción de ‘Otello’ de Verdi firmada por el director de escena David Alden

Desdémona lleva en su etimología la semilla del infortunio (del griego dusdaímōn, “desdichada”). Es el único nombre propio del relato de Giovan Battista Giraldi Cinthio que sirvió de base a William Shakespeare para The Tragedy of Othello, the Moor of Venice. Arrigo Boito la convirtió para Giuseppe Verdi en una figura pura e inocente, mientras que el compositor le asignó un registro de soprano lírica, flexible y de gran cantabilidad, aunque sin la potencia de heroínas anterior...

es como Aida o Leonora de La forza del destino, concebidas para una spinto de mayor peso dramático.

Asmik Grigorian propone su propia visión del personaje. Deja a un lado la ingenuidad y busca encarnar a una víctima reconocible de la violencia machista y del feminicidio, tanto en el presente como en un pasado cercano. Se reconoce en Desdémona y subraya sus gestos de grandeza, tal como confesó a Benjamín G. Rosado en estas páginas. Pero también desplaza el papel hacia un perfil levemente más dramático, como demostró en el dúo del tercer acto frente a Otello y, especialmente, en su monólogo Esterrefatta (“Aterrada”), donde antepuso la intensidad expresiva de su fraseo impecable a las etéreas medias voces que Verdi indica en la partitura.