David Real es plenamente consciente de que su trabajo no tiene nada de normal. Porque trabaja en un aeropuerto militar en una base militar española, la de Rota, para una compañía americana. Porque el equipaje especial que para cualquier colega de un aeródromo civil puede ser una bicicleta, para él es un misil. Pero sobre todo porque se siente víctima de una lucha laboral tan enrocada que ya lleva siete años en huelga contra una empresa que ya acumula unos 50 despidos y una declaración de non grata del municipio de Rota a la que...

pronto se sumará otra reprobación. “No hay día que no entre por la puerta del trabajo, que no sienta que pueda ser mi último día. Somos como trofeos de caza”, denuncia Real con una pasmosa resignación.

En cualquier empresa que cumpla la legislación laboral española más básica, Real difícilmente podría estar en una lista de despedidos porque es miembro del comité laboral. Pero en Louis Berger Aircraft Services Inc. (LBAS), la concesionaria del aeropuerto de la base desde 2013, el contexto es tan distinto que uno de los últimos destituidos, el pasado mes de julio, fue el presidente del comité (con mayoría de CC OO). “Han alegado uso fraudulento de horas sindicales. Me lo veía venir porque mi persecución venía de lejos. En estos años ya han despedido a cuatro miembros del comité”, explica el ya extrabajador, que pide anonimato por ahora mientras resuelve judicialmente su situación con la esperanza de que el cese se declare nulo.