Hay superproducciones que se estrellan antes de llegar a las pantallas, y joyas independientes que se hacen gigantes gracias al boca oreja. Mi hermosa lavandería (1985), que ahora cumple 40 años, es un ejemplo extremo de esta segunda categoría: al principio ni siquiera aspiraba a llegar a los cines y, sin embargo, se convirtió en un éxito internacional y en presencia ineludible de las listas de mejores películas del cine británico, además de catapultar las trayectorias de buena parte de s...

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us artífices. Todo ello, con una historia aparentemente conflictiva, llena de crítica social, de dardos al clasismo inglés y con píldoras queer.

Mi hermosa lavandería cuenta la historia de Omar, hijo de emigrantes paquistaníes en el sur de Londres que no quiere acabar como su padre, un periodista de izquierdas fracasado, decepcionado por la sociedad inglesa. Omar prefiere acercarse a su tío Nasser, un hombre de negocios de éxito y con una doble vida: en casa, ejerce de patriarca clásico; fuera, mantiene una amante inglesa y frecuenta los salones de baile. Una noche, Omar se reencuentra con Johnny, un amigo inglés de infancia, reconvertido en skinhead. Ambos se dan cuenta de que se han convertido en lo opuesto a lo que fueron por culpa de las contradicciones de la sociedad inglesa: uno, racializado, se ha vuelto un cínico que solo cree en el dinero y el otro, de clase trabajadora, culpa de todo a los emigrantes. Admitir todo esto les acerca de nuevo y retoman la relación amorosa que mantuvieron de adolescentes. De paso aceptan modernizar y regentar una lavandería que Nasser usa, nunca mejor dicho, para blanquear el dinero que gana con la venta de droga. Obviamente todo termina por estallar, escaparate de la lavandería incluido, en un final tan feliz como cínico.