Le llaman el “tren caracol” porque circula a cámara lenta. Tarda algo más de tres horas en realizar el trayecto de 118 kilómetros por vía estrecha entre Santander y Bilbao, un recorrido que se suele hacer en poco más de una hora en coche o en autobús de línea. Es un servicio ferroviario que realiza 31 paradas (18 de estas en pequeñas localidades del interior de Cantabria) y todos coinciden en que está muy lejos de ser competitivo. “Es nuestra principal conexión ferroviari...
a, pero no funciona bien, es un desastre”, reconoce el consejero de Fomento, Roberto Media. El secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, también admite las deficiencias: “Es una línea muy vieja y realmente hay muy poca gente que la usa para desplazarse entre Santander y Bilbao”.
El Gobierno de Cantabria, en manos del PP, y el Ministerio de Transportes coinciden en la necesidad de mejorar la conexión ferroviaria entre las dos capitales y están por la labor de construir un nuevo trazado, pero las discrepancias entre ambas instituciones son de calado cuando se plantean las soluciones. Hasta ahora, la fórmula prevista para mejorar la conectividad consistía en crear una nueva línea apta para un “tren de altas prestaciones” con estaciones adicionales en Laredo y en Castro Urdiales y que permita el tráfico mixto de pasajeros y mercancías. El ministerio calcula que este proyecto tendría un coste cercano a los 4.000 millones de euros. Este fue uno de los compromisos que firmaron el PSOE y el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) en junio de 2019 para asegurar el voto de esta formación en la investidura de Pedro Sánchez.






